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El Mago de Oz

Adaptación en español

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Basado en la obra de L. Frank Baum

Capítulo 1

El ciclón

Dorothy vivía en las grandes praderas de Kansas con su tío Henry y la tía Em — su mujer. Ellos eran granjeros y vivían en una casa muy pequeña.

La casa tenía sólo una habitación y no había muchas cosas en ella. En la casa había una mesa, un armario, tres o cuatro sillas y dos camas.

La única ventana daba a un pequeño jardín. Pero cuando Dorothy miraba por la ventana no veía ni árboles ni flores cerca de la casa. Ni siquiera la hierba era verde sino gris. Todo en sus vidas era de color gris, todo era muy triste.

El tío Henry y la tía Em trabajaban todo el día. Empezaban muy temprano por la mañana, paraban tarde por la noche y nunca se reían.

A pesar de esto, Dorothy era feliz porque tenía un amigo. Su amigo era un perro de color negro llamado Totó. Él tenía pelo largo, ojos brillantes y cola corta.

El perro y la niña corrían y jugaban todos los días. Eran los mejores amigos y se entendían uno al otro sin palabras.

Un mediodía pasó algo muy extraño. El tío Henry y Dorothy, con Totó en brazos, estaban en el patio. El tío Henry miró al cielo desde la puerta de la casa.

"Mira que está pasando", le dijo a Dorothy.

Dorothy vio oscurecerse el cielo, que ya no era azul. Ella se asustó con lo que había visto.

De repente empezó una tormenta. El tío Henry le gritó a la tía Em, que estaba en la casa:

"¡Un ciclón, Em, viene un ciclón!"

La tía Em salió corriendo para proteger a las vacas y a los caballos.

"Deprisa, Dorothy", dijo ella. "Ve a la casa y quédate allí. Tengo que ayudar al tío Henry".

Dorothy estaba muy asustada y corrió hacia la casa. Totó saltó de sus brazos y se escondió debajo de la cama. Él también tenía miedo.

Algo terrible pasó en ese momento: El ciclón levantó la pequeña casa en el aire y luego se la llevó muy lejos.

La casa se alejaba muy rápidamente y Dorothy, que no sabía qué hacer, se puso a llorar.

Pero el tiempo pasaba, minuto tras minuto, hora tras hora y finalmente se quedó dormida…

La historia continúa en el capítulo 2…

Capítulo 2

El país maravilloso

Dorothy se despertó de golpe y miró a su alrededor. Notó que la casa ya no se movía y el sol entraba por la ventana. La niña se levantó y corrió a abrir la puerta.

Gritó de alegría con lo que veía. A ella la rodeaban preciosas flores y árboles llenos de fruta. Coloridos pájaros cantaban alegremente en sus ramas. A cierta distancia había un río de agua transparente.

"Estoy en un país maravilloso", pensó Dorothy.

En ese momento vio acercarse un grupo de personas. Eran tres hombres bajos y una mujer vieja. La mujer llevaba un vestido blanco y los hombres sombreros de punta.

"Que gente tan rara", pensó Dorothy. "Son pequeños pero parecen adultos".

La gente se detuvo al lado de la casa y durante un rato todos guardaban silencio mirándose uno al otro.

Evidentemente, Dorothy vio un cuerpo. O mejor dicho, dos piernas con zapatos de plata debajo de la casa. La casa había caído encima de la pobre mujer y la había aplastado.

"Creo que tienen miedo de mí", pensó Dorothy. "¿Pero por qué?"

La vieja se acercó a Dorothy y le dijo:

"Bienvenida noble hada, gracias por matar a la Bruja mala del Este".

Dorothy la escuchó muy sorprendida y después le dijo:

"Sois muy amables, pero creo que esto es un error. No soy una hada, ni tampoco he matado a nadie".

"Tienes razón", contestó la mujer sonriendo. "No la has matado. Tu casa lo ha hecho".

"¿Cómo?", le preguntó Dorothy.

"Mira", señaló la mujer hacia la esquina de la casa. "Ahora están libres. Tú los has liberado".

"¿Quiénes sois vosotros?", le preguntó Dorothy atónita. "¿Y dónde estoy yo?"

"Estás en el país de los pequeños", contestó la vieja. "Soy la Bruja del Norte. Pero no te preocupes, soy buena".

"¿Es que existen brujas buenas?", se preguntó Dorothy.

Dorothy volvió a asustarse:

"¡Qué horror, lo que he hecho!"

Se enteró entonces de que había cuatro brujas en el país de Oz. La Bruja del Sur era buena, como la vieja que acababa de conocer. Aparte de ellas había dos malas. Pero ahora sólo quedó una, la Bruja mala del Oeste…

"No debes lamentarte por ella", dijo la vieja. "Ella convirtió a todos los habitantes del país en sus esclavos. Tenían que trabajar para ella día y noche".

La historia continúa en el capítulo 3…

Capítulo 3

Las Brujas

"Ayudadme, por favor", dijo Dorothy. "Necesito volver a casa. Mis parientes estarán terriblemente preocupados. No tienen ni idea de dónde estoy".

Los hombres negaron con la cabeza:

"Por desgracia no te podemos ayudar. No sabemos dónde está Kansas. Ni siquiera conocemos ese lugar".

"Podrías quedarte con nosotros para siempre", ofreció uno de los pequeños amablemente.

Al oír aquellas palabras Dorothy se echó a llorar. No sería feliz sin sus parientes por más maravilloso que fuera el país. Los pequeños hombres también empezaron a llorar.

Entonces la vieja dijo:

"Calmaos todos y escuchadme. Quizás Oz le pueda ayudar. Es un poderoso mago y el gobernante de la ciudad Esmeralda. Vive allí, en la capital de su propio país conocido como la tierra de Oz".

"¿Es un buen hombre?", preguntó Dorothy.

"De eso, no sé", respondió la Bruja del Norte. "Pero estoy segura de que es un muy buen mago. Búscalo. Cuando lo encuentres, cuéntale tu historia y pídele ayuda".

"¿Dónde está la ciudad y cómo puedo alcanzarla?", preguntó Dorothy.

La mujer señaló el camino de ladrillos amarillos, diciendo:

"Sigue siempre por allí, no te puedes confundir. Pero ten cuidado. Es un viaje largo y lleno de peligros".

"¡Tengo miedo!", dijo Dorothy. "Sois mis amigos. ¿Podríais viajar conmigo, verdad?"

"Pues, sí que somos tus amigos, pero no podemos ir contigo. Hay mucho que hacer aquí".

"Lo siento", dijo la mujer. "Pero, no temas. Coge los zapatos de plata. Ellos pertenecían a la Bruja del Este".

"Son mágicos", continuó la vieja quitándoselos de los pies de la Bruja mala. "¿Qué tipo de magia contienen los zapatos?", preguntó Dorothy intrigada.

"No lo sé exactamente, pero creo que te ayudarán de algún modo. También te doy mi beso. El beso de bruja tiene un poder que te protegerá contra cualquier magia".

Cuando Dorothy se puso los zapatos la mujer dio varias vueltas en su talón izquierdo y desapareció.

Dorothy solo oyó una voz:

"Espero que encuentres la ciudad Esmeralda. Adiós, querida".

Dorothy se despidió de los demás y empezó a andar a lo largo del camino de ladrillos amarillos. Los pequeños hombres se marcharon en dirección opuesta…

La historia continúa en el capítulo 4…

Capítulo 4

El Espantapájaros

Dorothy no estaba preparada para un viaje largo. Pero hacía buen tiempo. Además, esperaba ver a sus tíos muy pronto, por lo que estaba alegre y disfrutaba del camino.

Pronto se sintió cansada, así que se sentó en el césped del centro del campo y vio… un espantapájaros.

Tenía una apariencia muy divertida. Su cuerpo era de paja. Su cara era nada más que un simple trozo de camisa en la que estaban dibujados la nariz, la boca y los ojos. Llevaba la ropa rota y sucia.

Dorothy, en cuanto se acercó, oyó una voz ronca que la hizo detenerse:

"Buenos días".

"¡Oh!", exclamó Dorothy asombrada. "¡Increíble! ¡Sabes hablar!"

"Sí", contestó. "¿Cómo estás?"

"Bien, gracias. ¿Y tú? Espero que te vaya bien", respondió Dorothy educadamente.

"No exactamente bien", dijo el Espantapájaros con tristeza. "Llevo toda mi vida colgado aquí de un palo sin poder ir a ninguna parte. Es muy aburrido. Si me ayudaras a bajar me harías un gran favor".

Dorothy le ayudó con sus manos a bajar al suelo.

"Muchas gracias. Ahora me siento mejor", dijo Espantapájaros bajando al suelo. "¿Hacia dónde vais?"

"Voy a la Ciudad Esmeralda para pedirle a Oz que me devuelva a casa", dijo la niña.

"¿Dónde está la Ciudad Esmeralda y quién es Oz?", preguntó el Espantapájaros.

"¿Cómo? Todo el mundo conoce al poderoso Mago", se sorprendió Dorothy.

"¡Pero yo no!", gritó el Espantapájaros casi llorando. "Los granjeros que me hicieron, cometieron un error. No pusieron un cerebro dentro de mi cabeza. Por eso todo el mundo me llama tonto".

"Lo siento mucho, me gustaría ayudarte. Pero no sé cómo", dijo Dorothy. "Llévame contigo, buena niña", dijo el Espantapájaros suplicando. "Si voy con vosotros Oz me dará un cerebro. ¿Verdad?"

"No lo sé, pero puedes venir con nosotros para pedírselo".

"Si hay alguna posibilidad, vale la pena intentarlo", dijo sonriendo el Espantapájaros.

"Te entiendo", dijo la niña. "A nadie le gusta que le llamen tonto. No es culpa tuya que tengas paja en vez de cerebro en la cabeza. Ven con nosotros. Pidamos un cerebro para ti".

A Totó no le gustaba su nuevo compañero por lo que empezó a ladrar.

"No te asustes", le dijo Dorothy al Espantapájaros. "Él nunca muerde".

"Oh, no", dijo el Espantapájaros. "No tengo miedo de los perros. Hay sólo una cosa que me da miedo. Los fósforos".

"¿Por qué?"… "Porque provocan fuego"…

Juntos tomaron el camino amarillo en dirección a la Ciudad Esmeralda…

Capítulo 5

El Leñador de hojalata y el León cobarde

En menos de dos horas anocheció.

"Si ves algún lugar donde pasar la noche, dímelo", le pidió Dorothy al Espantapájaros. "No podemos caminar a oscuras".

"Allí hay una casita de madera. Podemos ir a descansar", dijo el Espantapájaros.

Entraron en la casa donde Dorothy se acostó y se quedó dormida enseguida. Cuando se despertó era de día y Totó corría por el bosque. Estaban a punto de irse cuando oyeron a alguien lamentarse.

Dorothy miró a su alrededor y vio a un hombre muy extraño. Sus brazos, sus piernas, su cuerpo e incluso la cabeza eran completamente de hojalata. En su mano derecha tenía una hacha. Era leñador.

"¿Has sido tú quien te has lamentado?", preguntó la niña asombrada.

"Sí", dijo el hombre de hojalata. "Ayúdame, por favor. Ve a la casita y coge la lata de aceite. Necesito que me eches aceite para poder moverme".

"Gracias, estoy mucho mejor", dijo cuando Dorothy hizo lo que le pedía. "Menos mal que pasabais por aquí. ¿Dónde vais?"

"Vamos hacia la ciudad Esmeralda para ver al Gran Oz", contestó la niña. "Yo voy a pedirle volver a Kansas. El Espantapájaros quiere que le pongan un cerebro dentro de la cabeza".

"Si el Gran Mago puede hacer estas cosas, me gustaría tener un corazón", dijo el Leñador. "Puedo sobrevivir sin el cuerpo que me robó la Bruja mala del Oeste pero nunca volvería a ser feliz sin corazón. ¿Podéis permitirme ir con vosotros a la ciudad Esmeralda para pedírselo a Oz?"

"Es un placer tenerte como compañero", dijeron el Espantapájaros y Dorothy.

Los nuevos amigos estaban atravesando un bosque peligroso y oscuro cuando se oyó un ruido terrible. De repente un león enorme saltó delante de los viajeros. Con un potente golpe de pata envió al Espantapájaros al suelo. El segundo fue para el Leñador que cayó y quedó inmóvil.

Totó corrió ladrando hacia la bestia y, cuando el león ya había abierto la boca para morderlo, Dorothy le dio un fuerte golpe en el hocico gritándole:

"¡No te atrevas a morder a Totó, sinvergüenza! ¡Un animal tan grande atacando a un perro tan pequeño! Solo un cobarde se comporta así y trata mal a los más débiles".

"Ya lo sé", admitió el León avergonzado. "¿Pero cómo puedo evitarlo? Nací así y esta es mi mayor pena. Todos los animales del bosque me consideran valiente. Me llaman el rey de los animales y todo el mundo huye cuando oye mi voz. Por eso siempre emito sonidos terribles. En realidad soy yo quien tiene miedo de ellos. Pero no quiero que lo sepan".

"Voy a ver al Gran Oz para pedirle un corazón", dijo el Leñador conmovido por el León. "Si quieres venir con nosotros, puedes pedirle valor para ti".

"¿Tú crees?", contestó el León entusiasmado. "Eso me haría feliz".

Y así, una vez más, el grupo partió de viaje, con el León marchando alegremente al lado de Dorothy…

La historia continúa en el capítulo 6…

Capítulo 6

Un camino peligroso

Al mediodía llegaron a un río ancho.

"¿Cómo lo cruzaremos?", se lamentó Dorothy.

"Es fácil", contestó el Espantapájaros. "Estamos cerca del bosque. Debemos construir una balsa".

El Leñador cortó algunos árboles y los ató. Cuando la balsa estaba en el agua los viajeros subieron. El Leñador y el Espantapájaros estaban de pie navegando con palos largos. Al principio todo iba bien.

Pero en el centro, el río era más profundo, se movía muy deprisa y llevaba la balsa cada vez más lejos. El Espantapájaros luchó contra la corriente con toda su fuerza.

La balsa avanzó hacia adelante pero dejó al Espantapájaros atrás, colgado del palo. Sin él flotaban de forma descontrolada, a la deriva. La situación era tan desesperada que el León se olvidó de su cobardía.

Saltó al agua y dijo:

"Agarradme mi cola. Voy a nadar hasta la orilla".

Todos los de la balsa le agarraron la cola y el León pudo llevar la balsa a la orilla nadando. Una vez allí, cayeron todos exhaustos. En este momento vieron a un pájaro grande volar encima del río.

"Señora cigüeña, por favor, traiga a nuestro amigo. Es de paja y no pesa mucho", le suplicó Dorothy.

"Vale", asintió la cigüeña. "Lo intentaré". Agarró al pobre Espantapájaros con su boca y lo dejó cerca de los demás.

El Espantapájaros, muy contento, abrazó a sus compañeros y continuaron el viaje.

El suelo de su alrededor estaba cubierto de flores de color rojo vivo. Olían divinamente y los viajeros disfrutaban de su aroma mientras avanzaban. Ellos no sabían que las flores se llamaban amapolas y podían matar. En realidad contenían una sustancia que provocaba sueño, el cual Dorothy empezaba a tener.

Si se quedaban dormidos jamás podrían despertarse. Cuando los compañeros se dieron cuenta de eso era demasiado tarde.

"¡Dorothy!", gritó el Leñador. Pero no hubo respuesta. Sus ojos ya se habían cerrado.

Ya que el León era de carne y hueso también le entró sueño. Sólo el Espantapájaros y el Leñador estaban a salvo.

"¡Corre a todo lo que puedas!", le gritaron al León. "Será difícil sacar a Dorothy y contigo no podremos".

El León empezó a correr a través del campo envenenado. Casi lo consiguió. Se cayó dormido en el extremo del campo.

"Me da pena dejarlo aquí. Va a dormir para siempre", dijo el Leñador con lágrimas en los ojos.

"Le vamos a echar de menos", murmuró el Espantapájaros. "Espero que sueñe con el valor".

En ese instante un pequeño ratón corrió por allí, perseguido por un gato. Cuando vio al Leñador levantar su hacha el gato huyó.

"Gracias, habéis rescatado a la reina de los ratones", dijo la ratona. "Estoy muy agradecida. Podéis pedirme lo que queráis".

"Ayúdenos con el León, Majestad", le pidió el Espantapájaros.

"¡El León, oh no!", exclamó ella. "Se me comerá si lo despertamos".

"No se preocupe Usted", la calmó el Leñador. "Este León nunca haría daño a nuestra amiga".

De nuevo al Espantapájaros se le ocurrió un plan. El Leñador hizo un carro de madera y la reina llamó a sus ratones. Cada uno trajo una cuerda que ataron al carro. Empezaron a tirarlo con el León tumbado encima. Por fin llegaron fuera del alcance del aroma mortal de las flores.

Dorothy les dio las gracias a los ratones por salvarle la vida al León. La reina les dio un pequeño silbato:

"Sopla si vuelves a necesitar mi ayuda, vendremos en seguida"…

La historia continúa en el capítulo 7…

Capítulo 7

La ciudad Esmeralda

En cuanto el León se despertó Dorothy le contó cómo lo habían sacado del campo. Pronto volvieron a marcharse. Caminaron durante muchos días siguiendo siempre el camino amarillo.

Acabaron en una región donde todo era verde: las casas, los caminos, la ropa de la gente… Cuando vieron las enormes puertas frente a ellos se dieron cuenta de que habían alcanzado su destino. Era el País de Oz.

Unos habitantes les indicaron el camino hacia el palacio de Oz. Pronto Dorothy tocaba la campana de la entrada y le preguntaba al guardián si podría ver al Mago. El soldado la miró sin entender. Es que nadie había visto al Gran Oz nunca. Ni siquiera sus servidores conocían su verdadera cara.

Sin embargo el guardián les prometió que hablaría con Oz sobre ellos. Al día siguiente Oz aceptó recibir a los viajeros y el guardián acompañó a Dorothy al salón del Trono.

Cuando la niña entró en la sala vio una cabeza enorme sobre el sillón. No tenía ni cuerpo, ni brazos, ni piernas. Sólo se oyó una voz ronca decir:

"Yo soy Oz, el Mago, grande y terrible. ¿Quién eres tú y por qué me buscas?"

"Soy Dorothy, la niña, pequeña y tranquila. He venido a pedirte ayuda", respondió la niña con orgullo.

El Mago se puso pensativo. Los ojos de la cabeza la estuvieron mirando durante un largo rato. Después dijo:

"Tienes los zapatos de la Bruja del Este. También se puede ver la marca de la Bruja del Norte. Ella debe de haberte besado. Así que no acabo de entender por qué necesitas mi ayuda".

"Hubo un error", dijo Dorothy y una vez más contó cómo la casa había matado a la Bruja.

"Ya veo", dijo Oz cuando Dorothy había terminado. "Para el fin de semana recibirás mi respuesta".

En los días sucesivos los compañeros de Dorothy se presentaron uno a uno ante Oz. Se sorprendieron mucho de haber visto que el Gran Mago se presentaba con formas distintas. El Espantapájaros, en vez de una cabeza, vio a una hermosa mujer sentada en el trono. Cuando le llegó el turno al Leñador el dueño del trono se convirtió en un animal extraordinario con cinco ojos, tres brazos y ocho piernas. Por último el León se encontró al Mago en forma de bola de fuego.

Finalmente Oz proclamó:

"Aquí tenéis mi respuesta: Cumpliré vuestros deseos en cuanto la Bruja Mala del Oeste esté muerta. Ahora marchaos".

Después de lo sucedido Dorothy salió del salón llorando desconsoladamente. Sus amigos también se pusieron muy tristes.

"¿Qué podemos hacer ahora?", preguntó Dorothy con lágrimas en las mejillas. "No paro de pensar en cómo volver con mis tíos".

"No llores, estropearás tu vestido", le dijo el Leñador. "En cuanto a mí, no quiero matar a nadie pero no hay otro remedio. Tenemos que buscar a la Bruja".

"Soy cobarde", dijo el León. "Pero iré contigo. No quiero quedarme sin valor para siempre".

"No tengo cerebro", dijo el Espantapájaros. "Pero también podéis contar conmigo".

"Entonces, iremos juntos, encontraremos a la Bruja y la destruiremos", dijo Dorothy entre dientes con una voz firme.

Ya no había lágrimas. Totó empezó a ladrar…

La historia continúa en el capítulo 8…

Capítulo 8

Una buena pelea

Por desgracia nadie sabía qué camino les llevaría hasta la Bruja del Oeste.

"No os preocupéis", dijo el guardián. "Cuando ella sepa que estáis en sus tierras os encontrará".

La Bruja mala tenía un sólo ojo, pero era tan potente que vio a los viajeros desde muy lejos. Llamó a sus esclavos: lobos, cuervos y abejas.

Con rabia, la Bruja primero mandó a los lobos. El Leñador dijo que esa batalla era suya y pidió a sus amigos que se pusieran detrás suyo. El Leñador mató uno por uno a los lobos con su hacha.

La Bruja vio eso con su potente ojo. Con más rabia la Bruja mandó a sus cuervos. En ese momento el Espantapájaros dijo que esa batalla era suya. El Espantapájaros cogió uno por uno a los pájaros y les retorció el cuello. Cayeron todos muertos.

Con más rabia aún, la Bruja mandó a sus últimas esclavas: las abejas. Cuando llegaron las abejas solo vieron al Leñador y todas ellas lo picaron rompiendo sus propios aguijones.

"Fue una buena pelea", dijo el Leñador bajando su arma.

Desesperada la Bruja saltó descontroladamente. Todos sus planes estaban saliendo mal. A pesar de eso todavía tenía el gorro dorado. Su dueño podía llamar a los monos alados que obedecerían sus órdenes. Pero sólo tres veces y la Bruja los llamó por última vez.

"Buscadlos y eliminadlos a todos, salvo al León", les ordenó. "Lo haré trabajar".

Los monos lanzaron al Leñador sobre rocas puntiagudas, arrancaron la paja del cuerpo del Espantapájaros y acabaron con el León atándolo. Sin embargo, no pudieron hacer nada a Dorothy cuando la atraparon. Estaba protegida por el poder del beso de la Bruja buena.

La llevaron al castillo donde la malvada Bruja del Oeste la hizo lavar las cacerolas y limpiar el suelo. La Bruja pasaba días y noches soñando con robar los preciosos zapatos de plata.

Un día colocó un trozo de hierro en el suelo y lo hizo invisible utilizando su magia. Dorothy se tropezó con el hierro y se cayó al suelo. Se le salió uno de los zapatos y la Bruja consiguió cogerlo.

"Algún día te quitaré el otro", le gritó riéndose.

Tanto enfadó lo que había hecho la Bruja que la niña cogió un cubo lleno de agua y tiró su contenido sobre la mujer. Al instante la mujer empezó a derretirse y en pocos minutos desapareció totalmente.

"¡La malvada Bruja está muerta!", gritaron los habitantes muy felices.

Y ahora, como estaban libres, harían cualquier cosa por su salvadora. Pero lo que necesitaba Dorothy era reunir a sus amigos.

Durante los próximos días encontraron al Leñador. Los herreros más hábiles fueron arreglando su cuerpo torcido y oxidado hasta que quedó mejor que antes. Los mejores costureros fueron reparando al Espantapájaros. Cuando éste abrió sus ojos ya lo habían rellenado con paja limpia y estaba como nuevo.

Llegó el momento de recordarle a Oz sus promesas, pero hubo un problema. No había camino entre el castillo y la ciudad Esmeralda. La mirada de Dorothy se paró en el gorro dorado. En el interior estaban escritas las palabras misteriosas.

"Ahora los monos alados me obedecen a mí", pensó poniéndose el gorro que le sentaba muy bien. "Creo que el regreso a la ciudad Esmeralda será verdaderamente fácil y cómodo".

Y cuando los viajeros se despidieron de los habitantes la niña utilizó las fórmulas mágicas para llamar a su nuevo transporte alado.

La historia continúa en el capítulo 9…

Capítulo 9

El Gran Farsante

Cuando los cuatro viajeros llegaron a la ciudad Esmeralda pidieron que los condujeran a Oz. Ellos fueron acompañados al Salón del Trono. Allí no había nadie.

Sólo una voz solemne, que parecía proceder de detrás de una cortina, manifestó:

"No acabo de entender si realmente ha muerto la Bruja mala".

El León, irritado, dejó escapar un rugido tan fuerte que hizo caer la cortina. Detrás de ésta se encontraba un viejecito calvo.

"¿Quién eres?", le preguntó Dorothy.

"Todos suponen que soy el Gran Mago, pero en realidad no soy más que un hombre común".

"No. Eres más que eso", declaró el Espantapájaros. "Eres un farsante".

"Más bajo, por favor. Nadie lo sabe excepto vosotros", murmuró Oz. "Llevo tanto tiempo engañando a todos que he acabado creyendo que jamás me descubrirían".

Y les contó su verdadera historia: Nació en Los Estados Unidos, en Omaha. Cuando creció se hizo aeronauta. Un día en un globo subió más arriba de las nubes, donde le atrapó una fuerte corriente de aire. Dicha corriente le arrastró a muchísimos kilómetros de distancia. Dos días más tarde se encontró en medio de una extraña multitud. Cuando la gente le vio bajar de las nubes todos pensaron que era un gran mago. Le temían y por eso prometieron hacer todo lo que les ordenara. Construyeron para él esta ciudad. Era tan hermosa que la llamó Esmeralda.

"Ya podéis imaginar lo contento que me puse cuando supe que habíais matado una de ellas", terminó Oz. "Cuando vinisteis aquí estaba dispuesto a prometeros cualquier cosa para deshacerme de la otra. Ahora estoy muy avergonzado. Pero… A ver si todavía puedo cumplir mis promesas".

Al día siguiente Oz llenó la cabeza del Espantapájaros con gran cantidad de agujas y le dijo:

"Acabo de ponerte un cerebro de primera".

Al Leñador le hizo un agujero en el pecho y allí le puso un corazón de seda roja.

"Ahora tienes un corazón del que cualquiera se sentiría orgulloso", dijo.

Al León lo hizo beber de una botella que contenía el valor. Y parecía que todo era cierto. El Espantapájaros se sentía muy sabio, el Leñador bondadoso y el León lleno de valor.

Para que el nombre fuera apropiado a todos los habitantes les puso gafas verdes. Quería que todo lo vieran de ese color. Pero su temor más grande seguía siendo las brujas malas.

Entonces el Mago se puso pensativo por un momento y exclamó:

"Ajá, es que tengo seda de sobra en mi palacio. Creo que no será difícil fabricar un globo que puede llevarte a casa, Dorothy. Además estoy cansado de ser un farsante. Vayámonos de aquí juntos".

Tres días más tarde el aerostato estaba construido y el Leñador encendía la leña para calentar el aire de dentro. Poco a poco el aparato se iba elevando.

Oz saltó al interior de la cesta y anunció a los ciudadanos en voz alta:

"El Espantapájaros gobernará la ciudad mientras falte yo. Os ordeno que lo obedezcáis como me obedeceríais a mí. ¡Ahora ven, Dorothy! Y date prisa, por favor".

Sólo un par de minutos tardó la niña en encontrar a Totó. Pero cuando ya estaba casi dentro del globo las cuerdas se soltaron y el aerostato se elevó rápidamente sin ella.

No volvieron a ver al Gran Mago nunca más…

La historia continúa en el capítulo 10…

Capítulo 10

Los sueños que se hacen realidad

Dorothy llamó por segunda vez a los monos alados para que la ayudaran a volver a Kansas. Por desgracia, el mono jefe le explicó que no podían ir tan lejos.

Dorothy se puso triste al ver que había desperdiciado la ayuda de los monos alados. Ahora sólo Glinda, la Bruja del Sur, podría ayudar a Dorothy. Era buena y la más poderosa de las cuatro. Sin embargo, para llegar a ella, tenían que recorrer el camino a través de un bosque lleno de peligros. Pero como estaban juntos, ¿lo superarían todo, no?

El sol se encontraba delante de los viajeros que se dirigían hacia el sur. Después de dos días de viaje entraron en un espeso bosque.

"Parece un poco tétrico", observó el Espantapájaros.

"Nada de eso", declaró el León. "Esta selva es encantadora. Ninguna bestia salvaje podría desear un hogar más atractivo".

Ni siquiera notaron que estaban rodeados por un montón de animales: elefantes, osos, lobos… estaban todos los ejemplares de la naturaleza. Todos los animales se inclinaron ante el León. Uno de los tigres se adelantó a los demás:

"¡Bienvenido, Rey de las bestias! Llegas a tiempo para luchar contra un monstruo tremendo que nos amenaza. Es semejante a una araña, pero con el tamaño de un elefante".

El León meditó solo un momento antes de presentar batalla al enemigo. Aprovechó que éste estaba dormido cuando lo había encontrado. Entonces dio un gran brinco y con un rápido movimiento de sus enormes garras le separó la cabeza del cuerpo.

Era hora de continuar su viaje. Como estaban muy cansados Dorothy llamó a los monos alados para acortar el camino. Los llevaron al destino en un abrir y cerrar de ojos. Pero fue la última vez que Dorothy los pudo llamar.

El país del sur parecía muy próspero con sus casas y puentes pintados de color rojo. La Bruja Glinda era joven y guapa, de pelo largo que caía en ondas sobre los hombros. Sus ojos azules miraron a Dorothy de forma bondadosa:

"¿Por qué venís a mi país y qué puedo hacer por vosotros?"

"A mí me gustaría volver a la ciudad Esmeralda", fue la respuesta del Espantapájaros. "Oz me nombró su gobernante y parece que la gente me quiere".

El Leñador dijo:

"Los habitantes del Oeste fueron muy amables conmigo. Cuando murió la Bruja me pidieron ser su protector".

El León exclamó:

"Los animales que viven en la selva que hemos cruzado anteriormente me han proclamado su Rey. Si pudiera regresar allí viviría feliz el resto de mis días".

Entonces dijo la Bruja:

"Tenéis que darme el gorro dorado. Los monos necesitarán exactamente tres órdenes para cumplir lo que me habéis pedido".

Dorothy miró perpleja a Glinda:

"¡Eres tan buena como generosa! Pero, ¿qué pasa con mi regreso a Kansas? Mis tíos deben de temer que me haya sucedido algo terrible".

"Tus zapatos te llevarán a cualquier parte en tres pasos, hijita", sonrió Glinda. "Podías haber vuelto a casa el mismo día que llegaste".

"¡Pero entonces no habría conocido a mis queridos camaradas!", dijo Dorothy y se echó a los brazos de cada uno de ellos cubriéndolos de besos.

Después de despedirse cogió a Totó y golpeó los tacones tres veces seguidas.

Al instante se encontró frente a la nueva casa que el tío Henry había construido. La tía Em acababa de salir de la casa cuando levantó la vista y vio a Dorothy. Y exclamó:

"¡Oh dios mío!, ¿eres tú Dorothy? ¿Dónde has estado todo este tiempo?"

"¡No me vas a creer tía! ¡Pero cómo me alegro de estar de nuevo en casa!"

✦   FIN   ✦